Publicado en Frikis, Videojuegos

Ver el paso del tiempo desde los videojuegos

Hace poco veía en Internet un anuncio acerca del próximo lanzamiento del tercer capítulo de la famosa saga de acción, Crysis, y de repente, no pude evitar pensar que el mundo de los puede ser, con toda probabilidad, uno de los que mayores avances ha sufrido en las últimas décadas. Uno compara los gráficos a base de píxeles y el scroll horiontal de los primeros juegos de Amstrad o NES con los millones de polígonos texturizados de las consolas de última generación y no puede evitar sorprenderse de lo mucho que ha cambiado este negocio en 20 años.

Y no sólo en lo que a calidad estética se refiere (que también), sino en posibilidades, en modos de juego, en temática, en plataformas, etc. Por no hablar de las opciones multijugador que han revolucionado por completo el panorama: partidas masivas con personas de todos los rincones del planeta desde el mismo salón de nuestra casa, un lujo. Y no sólo a World of Warcraft o Call of Duty, sino que con la llegada de los juegos de azar online, miles son los que entran cada día en webs como titanbet poker online y se pasan la noche echando unas manos frente a la pantalla del ordenador sin haber oído hablar siquiera de Super Mario Bros. (si que existe alguien así). Está claro que las cosas han cambiado.

Incluso en lo que se refiere al mismo modelo de negocio de los videojuegos, podemos encontrar situaciones que ninguno, o quizá sea sólo yo, hubiera podido imaginar en el pasado: Anuncios de videojuegos en la televisión como si de películas de Hollywood se tratara; eventos de lanzamiento que atraen a centenares de personas; carteles por las calles, en las paradas de autobús y en las autopistas. Hace unos años, los “juegos”, aunque famosos y lucrativos, tenían ese espíritu “minoritario” y poco “cool”. Un entretenimiento algo friki que no era para cualquiera. Hoy mi abuela juega a Brain Training en la DS y mi padre tiene una granja de Pitufos en el tablet. Sobran las palabras.

El caso es que me alegro. Después de tantos años de aumentar dioptrías frente a la pantalla, de disfrutar como un enano las obras maestras de cada consola que ha habido, y de haber gastado cantidades demenciales de dinero, me alegra ver que por fin el medio ha recibido el reconocimiento que merece. Que no sólo de cine, música y cerveza vive el hombre.

Y Miyamoto premio Príncipe de Asturias. Para que aprendan.

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