Las Vegas: el trayecto
26 Noviembre 2009 a las 13:20 por McLarenX | Se lee en 4'51 minutos.
Con todo preparado, por fin llegó el día en el que teníamos que coger el avión que nos llevaría desde Madrid hasta el paraíso de luces y juego llamado Las Vegas. Ese día fue el 25 de septiembre de 2009 y la hora del vuelo las 11:30 de la mañana, que no parece muy temprano, pero para vuelos transoceánicos hay que estar 2 horas antes en el aeropuerto, es decir, a las 9:30, que ya empieza a ser tempranito, más aún viviendo en la otra punta de la ciudad, total, que Javi pasaría a recogerme a las 8 en punto de la mañana por mi casa.
Y madrugar tanto no es un problema cuando vas a recorrer 9 mil kms en avión, al fin y al cabo algo dormirás… y algo habrás dormido por la noche. Pero no. Se nos había ocurrido la brillante idea de coger el avión el viernes de las Fiestas de Villa, es decir, que ya llevábamos desde el sábado anterior emborrachándonos todas las noches a muerte. Y no contentos con eso, el jueves por la noche tuvimos una gran despedida (por si no volvíamos, claro) la cual se nos fue un poco de las manos y yo llegué a mi casa a las 7:45, 15 minutos antes de que llegara Javi… y con la maleta por hacer. Oh yeah!
Con resaca de 6 días saliendo a cuchillo y currando todo el día, llegué al aeropuerto de Barajas con Javi y Pi que, lejos de estar mucho mejor que yo, divagaban por los pasillos como entes errantes. La primera gran frase del viaje se forjó en este momento cuando alguien dijo aquello de: “este es el peor viaje de mi vida”. Es decir, estabamos a punto de embarcarnos en la mayor experiencia de nuestras vidas y se nos ocurre decir esa tontería… así estábamos xD Suerte que descubrimos una forma genial de espabilarnos.
Arrastrándonos por el aeropuerto en busca de comida encontramos algo que definitivamente marcaría todo el viaje hasta Las Vegas. Un promotor de Johnnie Walker, seguramente viendo que estabamos en un estado de fin de fiesta, nos ofreció unos chupitos de whisky a modo de prueba… a las 8:30 de la mañana! Tampoco teníamos nada mejor que hacer así que aceptamos. El trago sentó como un disparo en el estómago pero, curiosamente, cambió por completo el estado de nuestros lamentables cuerpos. De repente, éramos personas completamente nuevas, llenas de energía y ganas de hacer cosas.
Así es como llegamos a un segundo puesto de promoción, esta vez era una ginebra de 50 euros la botella, no recuerdo la marca pero ese chupito fulminó definitivamente todo vestigio de cansancio, resaca o malestar de nuestros cuerpos que, ahora sí, empezaban a disfrutar del viaje, y eso que todavía no habíamos salido de Madrid. Pero entonces llegaba la hora de subir al avión, descansar de una vez por todas y llegar a Las Vegas con fuerzas suficientes para reventar la ciudad. Pero no.
El avión fue el culpable de que no durmieramos ni un solo minuto en el trascurso de Madrid a Atlanta (Georgia) donde hicimos escala antes de recalar en Las Vegas (Nevada). Y no por turbulencias, ruidos o incomodidades, más bien todo lo contrario. ¡Estaba más a gusto que en mi casa! Y lo peor fue cuando descubrimos que la pantalla que teníamos delante de nuestras narices era táctil… para que queremos más! Pues más había. Además de las típicas películas para ver mientras intentas dormir, había todo tipo de series, música… y juegos!
Los juegos del avión fue lo que nos jodió toda posibilidad de dormir. El puto Zuma que vicio. Me lloraban los ojos de romper bolitas con la rana. Era imposible dejar de jugar. Encima descubrimos que podíamos jugar al poker “onfly” contra el resto del avión. Una campus party sobre el Atlántico. Además aprovechamos para enseñar a Pi a jugar, no se puede ir a Las Vegas sin saber jugar al poker. Y el colmo fue al descubrir un Trivial comunitario también. Estaba en inglés pero nos viciamos durante horas y horas y horas…
Pero lo peor de todo no era eso, sino que cuando podías llegar a aburrirte de cacharrear con la pantallita, te venían las azafatas con todo tipo de bebidas a elegir… tomamos cerveza como animales… al fin y al cabo no podíamos permitirnos tener resaca así que había que mantener el nivel de alcohol en sangre. Con abastecimiento de birras cada hora y reparto abundante de tentenpiés durante todo el viaje, además de la comida rigurosa, era imposible dormir. Aquí es donde salió otra de las grandes frases del viaje: “no quiero llegar nunca a Atlanta, esto es lo mejor del viaje”. Y otra de tal calibre como: “solo en comida y bebida ya hemos amortizado los 530 euros del billete de avión… y todavía nos queda otro”. Pero la mejor fue: “perdona, ¿podemos pedir todas las cervezas que queramos?” y la respuesta de la azafata fue: “claro”. Creo que os hacéis una idea de lo que pasó xD
En Atlanta estuvimos de 15:15 a 17:50 así que solos nos dio tiempo a darnos cuenta de lo enormísimo que es el aeropuerto, con metro interno para ir de una terminal a otra y más tiendas que en el Xanadú. Y ya que estabamos en los Estados Unidos de América, decidimos empezar a hacer lo que hacen los americanos. No, no masacramos a decenas de personas, nos comimos una hamburguesa en el McDonald’s. Aquí es donde empezamos a darnos cuenta de que toda la comida en ese país es mil veces más grasienta y la bebida mil veces más dulce. Una Coca-Cola de allí es como una Pepsi con azucar de aquí.
El avión de Atlanta a Las Vegas fue más de lo mismo hasta que a las 19:00 aterrizamos inconscientes de lo que realmetne nos esperaba. Estabamos cansados después de 15 horas de viaje, considerablemente borrachos y con una necesidad desorbitada de coger la ducha. Sin embargo, al bajarnos del avión y ver la espectacularidad de las luces, volvimos a venirnos arriba. Todo el aeropuerto está lleno de carteles gigantes de publicidad, luces por todas partes y, sobretodo, máquinas. Sí, sí, tragaperras por todo el aeropuerto. Es difícil centrarse en mirar solo una cosa cuando millones de ellas llaman tu atención.
Es difícil explicar con palabras lo que sientes cuando te bajas de un avión y ves toda esa verbena en un lugar donde se supone que nunca hay nada, las paredes son frías y uniformes y el único sobresalto es el pitido del detector de metales. Menos mal que no tuvimos que estar mucho tiempo esperando a las maletas porque aquello es para volverse loco. Lo que todavía no sabíamos es que la ciudad en sí es aún peor. Pero eso en el próximo capítulo, que este ya es demasiado largo.
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El mismo día del año pasado: Goyo Jiménez en La Chocita del Loro
4 comentarios en “Las Vegas: el trayecto”
Referencias a este tema
- 1. Las Vegas: la primera impresión
[...] de un viaje histórico de 15 horas entre Madrid y Las Vegas (Nevada), y tras salir de ese aeropuerto que parece una [...]













26 Noviembre 2009 a las 16:28
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te odio!!!!!!
26 Noviembre 2009 a las 16:32
Usando
puedes retocar mi comentario en plan ”wave” y darle la forma q mas te convenga ^^ asi no hace falta q yo diga nada,jajaja
26 Noviembre 2009 a las 16:35
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No sé pa que te enseño ná!