Esquí y supervivencia en La Pinilla
22 diciembre 2008 a las 13:02 por McLarenX
Un año más y para no perder la costumbre, he hecho mi escapadita habitual a La Pinilla (Segovia) para disfrutar de un día de polvo blanco… y de nieve también (es broma, me apetecía el juego de palabras xD). El caso es que iba a ser una escapadita discreta, un miércoles cualquiera, entre dos amigos, pero se convirtió en una reunión de 8 personas en la sierra. Ahora bien, lo que iba a ser un plácido día de esquí, se convirtió en una epopeya de supervivencia.
Os dejo el vídeo resumen de lo que podría denotar por “Día normal de esquí” y después os cuento la odisea postuma a dicho día normal:
Se nos ve contentos ¿eh? Eso es porque no sabíamos lo que nos esperaba. Tras disfrutar de todo un día (de 9 a 17) de esquí del bueno -con alguien de mi nivel-, Chino estaba reventado, lógico, era su primer día, así que se fue al coche. Bob, su primo Javi, Lolo y Zamo ya se habían ido a casa así que quedábamos Gloria, Java, el propio Chino y yo, que nos volveríamos con el coche de este.
Cuando Gloria, Java y yo salimos de las pistas y vimos a Chino sentado en un banco, con las botas de esquiar puestas empezamos a sospechar que algo no iba bien. ¿Por qué no se había puesto las zapatillas? ¿Acaso está más cómodo con las botas de esquiar? No, lo que pasa es que, insólitamente, se le habían caído las llaves del coche en la nieve, por lo que no teníamos acceso al mismo.
Tras preguntar a los operarios de la estación, sin éxito, vimos como la noche se hacía sobre nosotros, todo rastro de vida humana había desaparecido y estabamos los cuatro, con un frío espantoso, sin poder entrar al coche y a 130 kms de casa. Nuestra única esperanza era el padre de Chino que venía desde Madrid con las llaves de repuesto.
Pero la espera fue larga, muy larga. Tres horas tuvimos que esperar ya que el atasco de la A-6 primero y de la M-40 después, hizo retrasar nuestra agonía. He de reconocer que mientras nos acurrucabamos en un banco, por mi mente empezaba a pasar el hecho de tener que sobrevivir a base de carne humana, y Java tenía todas las papeletas de ser el primero en morir congelado…
Por suerte, el padre de Chino llegó antes de que lobos acabaran con nosotros y pudimos volver a casa, eso sí, empujando el coche porque no salía de la nieve y unas 4 horas más tarde de lo previsto, a las 10 en punto de la noche. Nunca un día de esquí había sido tan largo, intenso y, sobretodo, agónico. Menos mal que nos lo tomamos con humor.
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El mismo día del año pasado: no escribí nada.















